MELANCOLIA El olor del tiempo encerrado me recibe; suelto la pequeña maleta, abro ventanas, puertas, dejo entrar el atardecer de otoño; salgo al jardín, en el seto de hortensias que lo rodea todavía hay flores, recojo un ramo para ofrecerlo a la casa y desde allí la contemplo. Me gusta la austera sencillez de ese cubo de dos plantas recubierto de piedra por el que trepa la hiedra. Fue de mis abuelos, ahora mía, y guarda momentos importantes de mi vida. Reparto las flores, quito las fundas blancas que cubren los muebles, cierro puertas, ventanas, ya es de noche, enciendo la chimenea y me siento a mirar, escuchar el trepidar del fuego, el quejido de esta vieja casa y mi lamento. Es la primera vez que la habito sola. La añoranza se llevó el sueño y la pasada noche ha sido larga; ocupada por el recuerdo de sus manos acariciando mi cuerpo como un talismán; de serlo, pienso, hubiera ahuyentado la muerte. Necesito caminar, me pongo la vieja gabardina marrón claro, que lleva años co...
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Mostrando entradas de diciembre, 2020
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SILENCIO A través del gran ventanal veo el rojo horizonte, por él ha entrado el sol; la penumbra azul se va metiendo en el aire, despacio, con sutiles capas, despacio va cubriendo el rojo para convertirlo en noche oscura; como si el tiempo estuviera imitando un cuadro de Mark Rothko. Tengo que trabajar mucho para conseguir algo así en mis próximos lienzos; cueste lo que cueste. Ya está en las nubes como siempre, pensando en esos puñeteros cuadros que pinta donde no hay nada, solo un color encima de otro, tapando uno con otro. Cuando la conocí, sí que había cosas en ellos que uno podía reconocer y tenia mucho éxito; pero ahora nada de nada, y encima no los vende. Ademas, cada vez cuida menos de su aspecto y ya no puedo llevarla conmigo cuando necesito que mi mujer me acompañe. No se que es lo que busca. Deslizo la mirada para encontrarme con él, sentado frente ami en el sofá de terciopelo amarillo; sus ojos están fijos en mi, pero no me ven. Siento mis voz como un tañido que me inv...
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INGRAVIDEZ En su infinito afán de renovación, mi padre, el roble, nos deja caer todos los otoños. Hoy ha sido el día de mi descenso. Pero el aire con sus infinitos movimientos ha convertido mi desarraigo en una experiencia; gracias a él puedo mecerme con la brisa, y contemplar desde abajo la dimensión del que ha sido mi hogar. Ver los diferentes árboles que se pierden hasta el lejano horizonte, y comprobar que hay hojas muy diferentes a mí; antes, sumergida como estaba entre mis iguales, no pensé que existieran. Miro hacia abajo y veo la alfombra roja que mis hermanas crean sobre la verde hierba; allí, es donde llegaré al final de mi viaje. El cielo es más grande visto desde aquí, los pájaros lo atraviesan con sus alas desplegadas; algunos los conozco, los tuve cerca cuando se posaban en las ramas de mi padre, entonces, sentí el tacto de sus plumas, pero nunca les había visto llegar tan lejos; ahora sé lo que ellos perciben mientras el aire me emp...